La Fraternidad – Federación Humanitaria Internacional (FFHI) vive una semana con una  programación extensa en conmemoración del Día del Refugiado, celebrado mundialmente el 20 de junio.

Además del lanzamiento del video Nona Anonamo – Somos Todas Artesanas, que tuvo lugar en todos los canales de comunicación de la Fraternidad – Humanitaria (FFHI), también habrá una serie de actividades lúdicas y artísticas en los cuatro refugios administrados por la institución en Roraima (Pacaraima y Boa Vista ) y en el Alojamiento de Tránsito de Manaos (ATM), que incluyen danzas típicas de los pueblos indígenas Warao y E’ñepa, talleres de mandalas, exhibición de videos, actividades deportivas y juegos, pinturas murales, narraciones de historias y mitos tradicionales, entre muchos otras.

Será una semana para homenajear y recordar la historia de millones de personas en todo el mundo que tuvieron que abandonar sus hogares, sus lugares de origen en busca de condiciones de vida dignas en otros países.

Semana de homenagens aos refugiados

El número de refugiados es el más alto registrado en la historia

Cada minuto, veinticinco personas se ven obligadas a abandonar sus hogares, sus lugares de origen, debido a conflictos o persecuciones, desastres ambientales o crisis socioeconómicas y políticas en todo el mundo, sumando más de setenta millones, desde 1950. Entre ellas hay veinticinco millones novecientos mil refugiados, el 52% de los cuales son menores de 18 años, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Detrás de la frialdad de estas cifras hay personas que enfrentan lo imposible por llegar a un lugar seguro donde puedan refugiarse, recibir alimentos, agua potable, los primeros cuidados médicos y luego, en una etapa siguiente, recibir ayuda para reconstruir sus vidas, participando activamente en proceso.

Es el caso de la venezolana Carmele, una joven madre que durante un año ha vivido en el abrigo de los refugiados venezolanos de la Misión Humanitaria, en Boa Vista, Roraima. En su primer intento de buscar refugio en Brasil, durmió en las calles, pasó frío y hambre, vivió con miedo a la violencia y regresó a Venezuela, ya que no pudo soportar la ausencia de su única hija de 2 años. Poco después, de regreso a Brasil y con su hija, revivió toda la angustia de la vez anterior. Dormir en las calles y deambular durante el día con su hija en brazos  —esta vez con un factor agravante— uno de los brazos enyesado, pues fue  atropellada por una bicicleta. Durante un mes vivió esta trayectoria en busca de espacio en los refugios, siempre encontrando la misma respuesta: “no tenemos vacantes”. “Ya me estaba rindiendo. Tenía fiebre, estaba cansada y no podía soportar más la situación. Fue entonces cuando me contactaron diciendo que había surgido una vacante en el refugio. La vida es así: cuando menos creemos, llega la esperanza y con ella, mejores días”.

 “Ser un refugiado no es una opción, es no tener opción”

Brasil recibe refugiados de ochenta y una nacionalidades; de estos, el 90% son venezolanos. Desde 2015, alrededor de cuatro millones de personas salieron de Venezuela, convirtiéndose en una de las crisis de desplazamiento forzado más recientes y mayores del planeta. Según una encuesta realizada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), hay aproximadamente doscientos cincuenta y tres mil venezolanos y venezolanas que han llegado aquí desde entonces, especialmente en ciudades como Boa Vista, Pacaraima y Manaos.

 Y para responder a las necesidades de estas personas desplazadas y garantizar su inclusión social y económica en las comunidades que las reciben, desde 2016, la Fraternidad- Humanitaria (FFHI) trabaja conjuntamente con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el Fondo de las Naciones Unidas. Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)Operación Bienvenida, empresarios y la sociedad civil.

 Según fray Luciano, gerente general de la Fraternidad – Humanitaria (FFHI), la que es responsable de cinco de los trece refugios para venezolanos existentes en Brasil, “es importante entender que una crisis humanitaria es muy diferente de una crisis social, porque en la crisis humanitaria, las personas perdieron a familiares, bienes materiales, profesiones, dejando atrás muchas cosas que se construyeron, consolidaron y partieron rumbo a lo desconocido con una sucesión de traumas que pueden interferir en la búsqueda de una nueva oportunidad ”; y refuerza: “ser un refugiado no es una opción, es no tener opción”.

 La realidad de los pueblos indígenas Warao y E’ñepa

El desplazamiento internacional forzado de los pueblos indígenas es una situación que requiere una atención especial de los organismos que trabajan en crisis humanitarias, pues a la condición de los refugiados se agrega el factor de diferencia cultural, garantizado por los tratados internacionales de los cuales Brasil es signatario. Ya hay más de mil indígenas de los grupos étnicos E’ñepa (Pueblos Indígenas) y Warao (Pueblos del Agua) que viven en los refugios de Janokoida, en Pacaraima, y ​​Pintolândia, en Boa Vista.

El trabajo con el refugio de los pueblos indígenas no tiene precedentes en el contexto de la respuesta humanitaria, lo que llevó a la búsqueda de elementos que pudieran contribuir a la construcción de un entorno que fuera apropiado para su cultura y respetara sus costumbres y saberes. Entre estas medidas están la opción de la hamaca, en lugar de colchones y carpas, la preservación de las condiciones para preparar sus comidas típicas y la garantía del suministro de materiales para que puedan preparar sus artesanías, como la paja del Buriti, para los Warao, y madera, para la E’ñepa.

Semana de homenagens aos refugiados

La crisis dentro de la crisis.

En el contexto de la pandemia de Covid-19, los actores humanitarios tuvieron que adaptar las instalaciones de los refugios para evitar la transmisión del nuevo coronavirus. En uno de los refugios indígenas, la notificación de un caso positivo de Covid-19 obligó a la transferencia de unas doscientas personas, integrantes del grupo de riesgo y sus familiares, para evitar el contagio. Los refugiados también están produciendo sus propias máscaras de tela. A través de la asociación con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), fue posible proporcionar todos los materiales, como máquinas de coser, telas, agujas, cintas métricas y planchas. Con casi dos mil personas en los refugios administrados por la Fraternidad – Humanitaria (FFHI), la compra de máscaras desechables se volvió inviable debido al precio y al problema ambiental, ya que produciría una cantidad insostenible de desechos.

 Los niños

Semana de homenagens aos refugiados

Estimaciones del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señalan que entre los refugiados que llegaron a Brasil, entre 2015 y 2019, hay alrededor de diez mil niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad. Muchos de estos niños pasarán toda su infancia fuera de casa, a veces solos. Algunos solo conocerán la vida como refugiados.

En las largas trayectorias que recorren, son susceptibles de sufrir traumas como resultado de abuso, negligencia, violencia, explotación, tráfico o incluso reclutamiento militar.

Valentina, una niña de unos 12 años, llegó a Brasil acompañada de su abuela, Miladys. Hicieron todo el trayecto a pie. Valentina está feliz de estar en un lugar seguro como el refugio Nova Canaã, pero no deja de pensar en la situación de miles de personas, adultos o niños, que no tuvieron tanta suerte como ellos. “Hay personas que se quedan en la calle, que no consiguen estar en un refugio como nosotras. No sé si duermen, si comen. Me pongo triste”, se lamenta.

El arte resignifica el dolor

Los proyectos de educación artística involucran a niños, jóvenes y adultos en actividades lúdicas y creativas que, además de servir de recreación para los involucrados, refuerzan la internalización de valores que favorecen la resiliencia y despiertan la esperanza ante posibles traumas derivados de la migración forzada. El arte ayuda a expresar el contenido que genera angustia, así como a promover su resignificación.

Dibujos libres y temáticos, pinturas en acuarelas y tintas, producción de mandalas, carpintería con acabados artísticos van transformando viejos objetos desechables en hermosos adornos; y, trechos de historias de vida, en obras de teatro. Se ven las paredes grises colmadas de subjetividades, inspiraciones y experiencias.

Así, los números de las estadísticas sobre refugiados toman forma y se van transformando en Antonios, Elias, Andersons, Milaidys, Carmeles y Valentinas. Juntos, forman nuevos hogares, llenos de retratos de un mundo donde no hay nada más importante que la vida.