Proclamo ante Dios, la presencia de la Fe.

En la Fe abro las puertas a la redención, y nada me hace temer.

Por la Fe pierdo todos mis miedos, y soy guiado hacia la Fuente del Amor de Cristo.

En el nombre del Ángel de la Fe, toda culpa es liberada.

En el nombre del Ángel de la Fe,

esa sagrada llama de elevación crece en mí y en mis hermanos.

Por la Fe Poderosa de Cristo, toda maldición es disipada.

Hoy reina el poderoso Rayo de la Fe, y todas las puertas del mal son cerradas.

Hoy reina el poderoso Rayo de la Fe, y las almas son liberadas de toda opresión.

Renace en mi corazón la esperanza, y la llama de la Fe es la guía eterna de mis caminos.

Unido al Ángel de la Fe, la Gracia de Dios nos colma por los siglos que vendrán.

Amén

 

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