El tema del Día Mundial de los Refugiados, establecido por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) para el año 2026, se basa en el artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todo ser humano que sea víctima de persecución tiene derecho a buscar y gozar de asilo en otros países».
En el caso de las personas que han abandonado su país de origen debido a violaciones de los derechos humanos, esta disposición prevé la institución del refugio, que garantiza, entre otros, el derecho a la educación y al trabajo. Como complemento a estos derechos, la Ley de Migración de Brasil establece el derecho a la cultura como uno de sus fundamentos.

Hace 75 años, el mundo reconoció que toda persona obligada a huir tiene derecho a buscar seguridad. Pero, ¿qué significa estar seguro después de cruzar fronteras, dejar atrás el territorio, el idioma, las costumbres y la propia red de apoyo?
«En Los Caños», dice Euligio, refugiado y líder indígena warao, «salíamos a pescar y a cazar en canoa; aquí (en Brasil) es diferente: el auto, la bicicleta, la moto. Allí íbamos en busca de ñame, a pescar, y comíamos; aquí hay que trabajar para comprar comida». «Los principales retos cuando llegamos a Brasil fueron la cultura, el idioma… en el centro de salud se habla portugués, en la escuela se habla portugués… al buscar trabajo no entendíamos y no sabíamos pronunciar las palabras.
A través de las palabras del líder indígena, podemos empezar a percibir lo que significa la “seguridad” para un pueblo que busca refugio en un país diverso con una organización social diferente. «La seguridad es estabilidad profesional, financiera y social; es invertir tiempo en su formación, reinventada por su condición de refugiado, sin que sus hijos se conviertan en obstáculos; es sentirse parte de algo, gracias a la oportunidad de expresión cultural», comenta Juan Diego, voluntario de Fraternidad – Misiones Humanitarias Internacionales (FMHI), en la MisiónHumanitaria de Roraima.

El Centro Cultural y de Formación Indígena(CCFI), coordinado por la Fraternidad – Misiones Humanitarias Internacionales (FMHI), se une a las personas indígenas refugiadas y migrantes en la búsqueda de la valorización cultural, la autonomía económica y la reconstrucción de los vínculos comunitarios. Más allá de la acogida de emergencia, las iniciativas relacionadas con el emprendimiento, la preservación de los conocimientos tradicionales y los espacios de capacitación buscan crear las condiciones para que los refugiados y migrantes indígenas puedan reconstruir sus vidas sin renunciar a su identidad.
“La incubadora de nuevos negocios y programas de mentoría, las capacitaciones técnicas y los eventos que promueven el empoderamiento son herramientas que utiliza el CCFI y que contribuyen a la autonomía de los refugiados y migrantes indígenas, ya que brindan oportunidades de desarrollo técnico, desarrollan habilidades interpersonales, introducen conceptos socioculturales y constituyen un espacio para los cambios de comportamiento necesarios en el nuevo contexto social.

Los eventos culturales, como las ferias indígenas, los talleres de medicina tradicional y las ollas de barro, fortalecen su identidad y su sentido de pertenencia, ya que les permiten conectarse con su tierra natal, sus raíces ancestrales y la sencillez de la vida que llevaban antes de encontrarse en la condición de refugiados”, agrega Juan Diego.

Tras años de servicio humanitario en Roraima, La Fraternidad – Misiones Humanitarias Internacionales (FMHI) ha acompañado el camino de cientos de indígenas refugiados hacia su propio desarrollo y autonomía, hacia una vida digna y hacia la seguridad. «Tras años de trabajo, se observan transformaciones culturales, ya sea en el uso del portugués y la tecnología, o en la práctica de la promoción personal o la imagen personal, sin que esto interfiera en su identidad original», añade Juan Diego.
«La Fraternidad – Misiones Humanitarias Internacionales (FMHI) fue la que nos enseñó el camino, fue nuestra guía para saber adónde ir y qué hacer. Cursos de portugués, ferias, cursos de costura, panadería, emprendimiento», comenta Euligio. Y continúa: «Hoy nos sentimos seguros porque el Estado ya nos reconoce, hemos hecho amistades y establecido vínculos con nuestros parientes indígenas, con las autoridades… y ahora ya conocemos el idioma, hemos tomado cursos».

Al vincular la protección, la cultura y la autonomía, el CCFI señala que crear condiciones para pertenecer, producir, enseñar y aprender permite construir un futuro más seguro.




