La alimentación, muchas veces tratada como un aspecto automático de la rutina, tiene un papel relevante dentro de la propuesta pedagógica de la Escuela Parque Tibetano, afiliada a la Fraternidad – Federación Humanitaria Internacional (FFHI). Más allá de nutrir el cuerpo, el alimento se comprende como un elemento formador, que involucra cultura, afecto, elecciones y consciencia. En este contexto, la realización de una charla con la gestora de sistemas alimentarios con especialización en educación, Renata Felipe, reunió a padres y educadores en un espacio de profundización sobre prácticas alimentarias en el día a día, buscando profundizar reflexiones ya presentes en la dinámica de la escuela.

La institución ya tiene como principio la alimentación saludable y consciente, con base vegetariana y alineada a una visión integral del desarrollo humano. Sin embargo, como destaca la gestora general, Clarissa, el encuentro trajo una nueva mirada a aspectos que, muchas veces pasan desapercibidos en el día a día, como el consumo de alimentos industrializados y ultraprocesados. La charla no se propuso romper con lo que ya se venía construyendo, sino añadir capas de percepción y ofrecer herramientas para decisiones más conscientes, especialmente en el contexto familiar.
Esta ampliación de la mirada resultó relevante sobre todo porque, aunque la escuela sostiene principios claros, la experiencia de la alimentación ocurre, en gran medida, dentro de las casas. Es en ese espacio donde se consolidan los hábitos, se forman las preferencias y se presentan los desafíos de manera concreta. Para Daniela Favilla, educadora de la escuela y madre de alumno, la charla evidenció justamente esa dimensión: “Tenemos la pauta de la alimentación consciente, pero cada familia la vive a su manera. Y siempre podemos mejorar, tanto la alimentación como la unidad entre las familias en esta concienciación”.

Al dirigir el encuentro a padres y educadores, la propuesta partió del entendimiento de que son los adultos quienes transmiten a los niños los impulsos relacionados con la alimentación. En este sentido, la charla se estructuró no solo como un momento informativo, sino como un espacio de intercambio y construcción colectiva, en el que se pudieron compartir experiencias, dudas y estrategias.
Entre los puntos más destacados del encuentro, se resaltan las orientaciones prácticas para la introducción de nuevos alimentos en la rutina de los niños. En lugar de prohibiciones o imposiciones, el enfoque presentado buscó caminos más sutiles y efectivos, respetando el tiempo y el proceso de cada niño. La idea central es desplazar el interés por los alimentos industrializados y, gradualmente, despertar el gusto por opciones más naturales.
Un ejemplo concreto citado por Renata Felipe fue la sustitución de los fideos instantáneos por alternativas más saludables, como los fideos cabello de ángel. La propuesta no se limita al cambio del alimento en sí, sino que considera los elementos que hacen que el producto sea atractivo para los niños: la rapidez en la preparación, la textura y el sabor. Al comprender estos factores, se vuelve posible ofrecer opciones que dialoguen con esas preferencias, sin renunciar a la calidad nutricional.

Según Daniela, este enfoque ha mostrado resultados positivos, especialmente cuando se experimenta de manera colectiva. “Estamos notando que, en grupo, los niños ofrecen menos resistencia a los cambios alimentarios que cuando están solos”, relata. El intercambio de experiencias entre las familias y entre los propios niños fortalece este proceso y contribuye a la creación de un ambiente de validación y apoyo mutuo.
Esta dimensión colectiva se revela como uno de los aspectos más potentes de la propuesta. Al compartir prácticas y desafíos, las familias dejan de recorrer solas el camino de la alimentación consciente y comienzan a construir, juntas, nuevas referencias. El espacio escolar, en este sentido, amplía su función, convirtiéndose también en un lugar de diálogo y articulación entre diferentes experiencias de vida.
Otro punto relevante que aportó la conferencia fue una reflexión sobre el carácter cotidiano de la alimentación. Comer es un acto diario, que se repite varias veces a lo largo de la vida, pero no siempre de manera consciente. Muchas decisiones se basan en hábitos heredados, en la practicidad o en la falta de información. Al situar el tema en el centro de la conversación, el encuentro contribuyó a hacer visible lo que, muchas veces, permanece invisible.

Para Daniela, este fue uno de los principales aprendizajes: «La alimentación es algo que vivimos todos los días, pero de lo que hablamos poco. Cuando abrimos este espacio de diálogo, logramos revisar prácticas, intercambiar experiencias y construir nuevos caminos». La posibilidad de abordar el tema de manera abierta y colectiva también contribuye a la creación de nuevos paradigmas, más alineados con una visión de salud integral.
La conferencia también destacó la importancia de las estrategias sensoriales en la introducción de nuevos alimentos, como el uso de colores, texturas y formas que despierten el interés de los niños. Estos enfoques respetan la relación afectiva que los pequeños construyen con la comida y evitan que la alimentación se convierta en un campo de disputa.
En este contexto, según la conferencista, el papel de los adultos cambia: pasan de ser agentes de control a mediadores de experiencias. En lugar de obligar o prohibir, la propuesta es orientar, presentar y crear las condiciones para que el niño desarrolle, poco a poco, autonomía en sus elecciones.

Al integrar conocimientos técnicos, experiencias prácticas y una escucha atenta, la conferencia dirigida por Renata Felipe destaca la importancia de las iniciativas que conectan a la escuela y la familia en torno a temas esenciales para el desarrollo de los niños. Es importante transmitir información, pero también cultivar un ambiente en el que el cuidado de la alimentación se construya de manera consciente, compartida y continua.
En este proceso, la alimentación deja de ser solo una necesidad biológica y pasa a entenderse como un ámbito de aprendizaje, relación y transformación. Un camino que, cuando se recorre en conjunto, amplía las posibilidades y fortalece los vínculos —entre la escuela, las familias y, sobre todo, con los elementos que sustentan la vida.




