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Nuestra Historia

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Nuestra Historia2016-11-01T19:20:26+00:00

La Fraternidade reune la prolongada experiencia de sus colaboradores, que actúan en forma voluntaria, fraterna y abnegada hace más de 25 años. A lo largo de este periodo, el trabajo se amplió considerablemente, y las vivencias grupales y de servicio altruista junto a los reinos humano, animal, vegetal y mineral promovieron la formación de diversos frentes humanitarios y de vida espiritual.

La búsqueda interior, a través del contacto con la vida espiritual, es lo que debe impulsar a cada miembro a formar parte de esa corriente de amor y servicio. Es también el principio básico para vivenciar la verdadera fraternidad.

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Los miembros de la Fraternidade son colaboradores voluntarios de distintas edades, origen y experiencias, y actúan en las más diversas opciones de servicio disponibles en esta obra de amor. Las formas de participación van desde la colaboración en alguna actividad de la Red-Luz y/o de las Misiones Humanitarias hasta una consagración mayor de la vida, sea como miembros Residentes y Estables en las Comunidades-Luz o como Monjes de la Orden Gracia Misericordia.

La Federación también afilia organizaciones que comparten sus propósitos y principios. A partir de esa unión federativa de esfuerzos, se busca construir un movimiento integrado de renovación, orientado hacia la paz y la fraternidad.

La Instrucción Espiritual que permea este trabajo, ofrecida por nuestros instructores José Trigueirinho y Madre María Shimani de Montserrat, es el hilo conductor y regente de esa obra. Esos instructores apoyan al grupo en la construcción de la propia coligación interna de cada miembro, colaborando para la expresión de la armonía y de la fraternidad en las acciones y en la convivencia grupal. De ese modo, las relaciones entre los hermanos son conducidas por la energía del alma, posibilitando que todos se concentren en la manifestación de metas evolutivas y propósitos altruistas.

En este contexto, la vivencia fraterna en todas las manifestaciones de la vida y la siembra del bien en el día a día van posibilitando a cada uno el despertar de cualidades internas aún adormecidas, como el sentido de unidad, de servicio a los reinos, de donación, de austeridad, de transparencia y de amor desinteresado. Ese patrón que permeará cada acción, promoverá un silencioso despertar en cada ser, elevando gradualmente la vibración del grupo espiritual y construyendo los Principios de la Fraternidade.